Ubay Murillo

Bilder von Europa

4 abril, 2014 - 17 mayo, 2014

A propósito de la última obra de Ubay Murillo

(extracto)

Javier González de Durana

 

Estas nuevas pinturas de Ubay Murillo en las que observamos vestidos sin cuerpo, fantasmalmente suspendidos en el aire, hayan sido realizadas en paralelo a otro par de temas con los que se pueden encontrar vínculos en torno a las ideas de indumentaria, desaparición y temor.

Se trata, por una parte, de la serie Big Smile, en la que contemplamos sujetos ataviados con dandismo incuestionable, sin bien austero, que nos muestran inquietantes sonrisas -o muecas de sonrisas en labios de carnosidad desmesurada- como anuncios de un apetito agresivo y voraz. Sus bocas, como trasladadas desde otro lugar a sus rostros, sin embargo, no están acompañados por cuerpos dionisíacos, sino por otros más bien enjutos, casi demacrados. Ello nos indica que su posible voracidad está orientada hacia otros objetivos diferentes y su delgadez corre paralela a la que muestran las modelos de alta costura contemporánea, anoréxicas hasta la extremosidad e igualmente impostadas por los trucos de la manipulación digital, pero que alientan la enfermiza imitación real.

¿Qué provoca la sonrisa de estos individuos de mirada aviesa bajo el sombrero o encarados frontalmente al sol? ¿Entre qué extremos mentales se mueven para, en un caso, mirar de soslayo al amparo de una sombra artificial y, en otro, ofrecer el rostro a la claridad cruda? Como en los casos de algunos políticos que han acostumbrado a sus gobernados a las malas noticias, lo preocupante, lo que de verdad produce pavor, no es ya la siguiente mala noticia, sino el hecho de que sonrían. Es ese íntimo regocijo lo que despierta en los gobernados sus más profundos miedos.

Por otra parte, lo interesante alrededor de El resto (aprés Géricault), ambientado en interiores que podría recordar un burdel con pretensiones, es la fragmentación con la que están construidas las escenas y la desubicación de ciertos órganos humanos, como si los cuerpos fueron unos collages arbitrarios y los resultados de semejante manipulación, unas monstruosidades que visten sedas y beben champgne. Los cuerpos de mujeres, desmayados sobre superficies menos duras que los tablones de La balsa de Medusa, no remiten a una catástrofe naval por culpa de la incompetencia política, sino al hundimiento de un “bienestar europeo” cuyo causante -siendo el mismo que en 1818-19, esto es, el abuso negligente del poder- no está representado, de la misma manera que en la pintura de Géricault el canibalismo entre los náufragos tampoco se mostró por pudor.

La desarticulación de un cuerpo requiere de su previa fragmentación y, si la necesidad aprieta, algunos de esos fragmentos, los más sabrosos, como en la balsa de Medusa, pueden ser canibalizados. Así, en tiempos de crisis podemos sobrevivir a base de acabar con el cuerpo (social) que habíamos logrado conseguir que fuéramos o con el sueño de que se podía llegar a ser ese cuerpo. Autofagia, necrofagia o una mezcla de ambas; en todo caso, llevados por el camino directo hacia una sociedad zombie.

Vestir, individualizar, enmudecer, comer, adelgazar, desaparecer…, naufragar, canibalizar y, sobre el resto, quizás reconstruir. Creo que Ubay Murillo es consciente de todo esto, de que viejos fantasmas con nuevos vestidos para matar emigrantes, homosexuales, musulmanes -los nuevos judíos-, multiculturalistas, mujeres -feministas o no-…, invisibilizarlos o despojarles de sus derechos, recorren Europa  y que, con delicado tacto, lo traslada a sus pinturas a modo de preguntas.

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