Ángel Padrón

Pinturas recientes

26 abril, 2009 - 6 junio, 2009

Aún viva en la memoria la gran exposición que con el título “hacer/des/hacer” Ángel Padrón presentó hace un año en la Sala de Arte Contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife, el espacio de Artizar acomoda ahora su obra a una experiencia más íntima y sosegada, en la que alguno de los trabajos que fueron exhibidos en la citada muestra, junto a otros inéditos y más recientes, cobran una dimensión nueva que nos permite revisitarlos con remozado placer. Esto sucede, al menos, con la serie “Lugar”, un conjunto de piezas que evocan diferentes modelos de viviendas de lo más comunes, que el artista presenta dispersas sobre la pared blanca de la sala. Las obras de “Lugar” son cuadros que son casas, en esa línea “cosificadora”, no lejana a los pouchoires de Matisse o a los “juguetes” de Torres García, que Padrón ha postulado (“cosificar una idea, una imagen, un cuadro. Y no dar explicaciones. Maquetas como metáforas del escenario donde se desarrolla la vida” A. P., construir/habitar, Ed. Estudio Artizar, 2005. pág. 9) como la clave para una regeneración de lo pictórico, una voluntad ya expresa en el origen mismo de su proyecto artístico (“cuando empezamos a pintar la pintura ya había muerto… ¿cómo podía estar muerta la pintura si nosotros estábamos pintando?” Ibid, pág. 6). En efecto, son casas hasta tal punto habituales en las islas que se nos aparecen en cualquier parte hacia donde miremos, pues son las que realmente están y en las que verdaderamente vivimos, aquellas donde, como él dice, “se desarrolla la vida”. Junto a “Lugar”, nuevos nocturnos, “cuevas” y “carreteras” constituyen la actual muestra, en la que ha colgado un “jardín japonés” de última producción. El procedimiento que Ángel Padrón ha aplicado a la formación de su obra resulta, en la medida en que ésta se va generando, tan natural como la naturaleza misma, pues se trata de un mecanismo de orden vegetal que al ramificarse va perfilando su unidad, su densidad e independencia. Así debería entenderse el conjunto de series que configuran su obra, todas ellas bajo denominaciones precisas y muy literales, pero que en su totalidad parecen formular una especie de conducta, una suerte de identidad. Con paisajes, reservas, volcanes, islas, montañas, solares, jardines, cuevas, ventanas, estar en el mundo, carreteras, iluminaciones, excavaciones, construcciones, lugares, etc., Ángel Padrón ha acabado marcando un territorio propio del que su espacio de desarrollo es ya a lo alto, donde todas las ramas, todas las series, pueden seguir creciendo. Tal vez no iríamos demasiado desencaminados si aceptáramos considerar el proyecto creativo de Ángel Padrón como una indagación de densidad y complejidad filosóficas, y no solamente plásticas. Siendo su proyecto, tanto a nivel teórico y reflexivo como práctico y ejecutivo, el más sólido de cuantos se han planteado en el terreno de la pintura insular desde Millares, asombra que en su empeño el pintor no se haya visto obligado a quejarse de ningún gran desgaste emocional que lo justifique, cuando toda su obra parece motivada por un intento de habitabilidad “frente al desalojo que nos obliga a la supervivencia”. Sin embargo, todo apunta a que a Ángel Padrón su trabajo no va a lograr desgastarlo en absoluto, pues ya “su vida, (un pedacito de su vida) al caer sobre los demás, deja un agujero”. Y “uno puede, aplicando allí su ojo, ver eternamente un mar oscuro…” (Odysseas Elytis).

Carlos E. Pinto

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