Manuel Mendive

La foresta mágica

30 marzo, 2012 - 19 mayo, 2012

La foresta de Manuel Mendive está cargada de ensueño y paz, expresa la estrecha comunión entre la naturaleza y el hombre. Palmas, arboledas, criaturas humanas, energías, aves, insectos, cuadrúpedos de todos tipos habitan allí en acople genético. La foresta es madre y padre, palabra y silencio, luz y oscuridad. Ella sostiene sobre sí un gran secreto: la creación.

Mendive fija su mirada en este tema desde su propia forma de vida. Su inspiración viene además, de la voz húmeda de los montes tropicales. Así, junto a las pinturas y a los “garabatos”-bastones de Eleguá para barrer los caminos y abrir las puertas cerradas-, recrea ese ambiente natural que lo acompaña con montículos de tierra y el olor fresco de la yerba. Resguarda todo bajo el amparo de un cuarto litúrgico de sábanas blancas. La introducción en este recinto sagrado favorece el hecho del descubrimiento. Quedamos tentados de ver más allá de lo que el ojo puede. Solo se tiene la anunciación de que como se “entra” no se “saldrá”.

La foresta mágica conserva los pasajes de la memoria y la historia de los pueblos que llegaron de África a América, y de cuya unión con la Europa blanca resultarían los cimientos de una cultura del ajiaco, de “cueripardos y almiprietos más de sangre que de sol”- como dijera Guillén. La foresta mágica de Mendive -como por golpe de gracia- es también nuestra. No cabe duda. Así es.

Darys J. Vázquez Aguiar

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