Próxima exposición

Jesús Zurita

14 mayo, 2021 - 19 junio, 2021

Jesús Zurita lo ha dicho y lo ha escrito en varias ocasiones: lo vegetal en su obra funciona como metáfora de la carne, de lo humano. Sus paisajes de entrañas nos obligan a experimentar una génesis pasiva de la conciencia que nos somete, por un proceso empático, al efecto perturbador de lo idéntico. Asimismo, la revelación evidencia una carencia anterior a ésta que deviene en extrañeza. Nos percibimos como un “Otro” que nos precede y nos posee. Con todo, esa percepción de lo personal como un “Otro” responde a la oposición entre conceptos tan contrarios como idéntico y extraño, y en ese marco entre lo que nos provoca espanto por ser conocido y asombroso por desconocerlo es donde nos sitúa el artista.

“Allí será aquí” y “Aquí será allí” hacen alusión a dos historias recogidas en el Génesis que siembra confusión, pues los protagonistas de ambas comparten nombre: Enoc. Uno es hijo de Caín, que fundó la primera ciudad para celebrar el alumbramiento de su primogénito después de ser condenado a vagar eternamente por la tierra tras cometer farricidio. El otro es bisabuelo de Noé. De él se dice que, ante lo que habría de acontecer, Dios se lo llevó para evitar que viese muerte, nunca fue hallado. Enoc es aquí, al mismo tiempo, un territorio habitado por los impíos y dos personajes que podemos describir como antagónicos: el primero «es el receptor de la primera herencia, es la transmisión del estigma de Adán y de la abyección de Caín a la humanidad. Está en el manantial de nuestras infecciones», dice Zurita. El segundo «es el vacío desde el que parte el resto de su genealogía. «Su legado se cronifica en nuestra posteridad». Ambas piezas configuran una arquitectura en cuña que alberga un espacio interno y cuyo vértice converge en nosotros necesariamente si nos decidimos a otearla.

Pólenes, el título escogido por Jesús Zurita para esta exposición, es, como cabría esperar, muy significativo. El polen nos precede. Viaja en los vientos más antiguos. Nos impregna y nos invade para alojarse en cualquier recoveco de nuestro organismo sin permitirnos la huida. Nos contamina, y sin embargo, también nos nutre.

 

María Terrón Caracuel
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