Pamen Pereira

Tampoco el mar duerme II

4 septiembre, 2015 - 17 octubre, 2015

La artista gallega Pamen Pereira vuelve a la Galería ARTIZAR tres años después para presentarnos Tampoco el mar duerme II, una variante de la exposición que se vió en la Galería Astarté de Madrid el pasado 9 de abril, y que comisariada por Miguel Fernández-Cid fue todo un éxito de crítica y público dentro del programa A 3 bandas.

A nuestro espacio de La Laguna llega con una reorientación de dicha exposición, selección de apenas tres o cuatro piezas que conforman un clima cerrado donde inevitablemente cada obra nos ofrecerá una salida, una necesidad de escapar, ya sea a la inmensidad del cielo, la fuerza del mar o nuestra propia mente.

Gracias a una larga investigación, trabajo y dedicación nacen obras como Tampoco el mar duerme, que Pamen Pereira describe como “Algo o alguien permanece despierto eternamente. Una pulsión de vida constante, expansión sin fin...aun en la quietud y en el silencio. La inmensidad del mar, las desatadas fuerzas del averno, metáfora o trasunto de las emociones contenidas en una pequeña pecera. Tremenda tempestad domesticada en un pequeño recipiente”. También podremos disfrutar de la pieza Ecuanimidad que hace referencia a un estado de alerta permanente perfectamente representado por la atención que atrae una vela derritiéndose sobre un sombrero. Y a esto se le sumará El mundo visible es una excusa, instalación de más de cuarenta piezas suspendidas en el aire. “Una vez reconstruidas a mi antojo las vértebras de vaca, las puse a volar aunque con alas pesadas. Los que suele estar oculto y cercano a la tierra como los huesos, sale a la luz. También lo pesado se eleva.  Como dice mi amigo Carlos de Gredos Tal vez la muerte vuele con alas de plomo” nos dice su creadora.

Una muestra que como ya sucedió en Madrid, tomará cuerpo de acontecimiento, por la calidad de los trabajos presentados, el ambiente creado y por supuesto, por la categoría de la artista que le da forma.

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Desde que se da a conocer en la segunda mitad de los años 80, Pamen Pereira plantea un diálogo directo con la naturaleza, con el paisaje, con la relación entre arte y vida. Pasados los años, ha multiplicado su intensidad y su entrega, y si existe una variación clara en su discurso es que inicialmente le interesaban las manifestaciones exteriores del paisaje, a las que enfrentaba con sus propuestas, hechas de los mismos materiales a los que evocaba y cargadas de intención, de sentido, de lenguaje, de discurso, y ahora ha conseguido interiorizar la vivencia y la emoción ante las cosas, ofreciendo con frecuencia fragmentos de momentos álgidos. Como si tentara el lenguaje de la ópera y se atreviese a interrumpir la representación, a dejar una escena en suspenso, levitando en el aire y, de paso, convertirse en compañía de las obras, en espectadora cómplice, en observadora privilegiada. Una actitud en la que influyen mucho sus viajes a Oriente y su implicación con la cultura zen.

Lo curioso es comprobar que sus imágenes pueden reaparecer e integrarse en proyectos posteriores, como si estuviesen regidas por un impulso único, capaz de recorrer los espacios, de atravesarlos en movimientos curvos, siempre ascendentes. De ser autora de pequeñas piezas cargadas de sentido y emoción, pasa a proponer un ritmo, un discurso, un fluir secreto y misterioso. Las obras se pueden dividir de maneras diferentes y no deja de tener sentido separar las que se refieren al trabajo físico, en el taller, de las que evocan sus resultados. Unas tienen por referencia el suelo y comparten una escala humana; las otras pierden peso, ascienden, levitan, como si habitaran un sueño: el trabajo y las ideas, la reflexión y las emociones.

Pamen Pereira ordena su mundo a partir de lo leve, de lo aparentemente efímero, de la huella, del humo, del reflejo, del eco, de la sombra, de lo inmaterial. Obras que recrean el entorno cotidiano, en el que nacen las emociones, los viajes, las metáforas, en el que se unen realidad y fantasía. Al tallar su lecho en piedra, Pamen Pereira es consciente de que da sentido a que el resto de sus obras permanezca aérea. Además, de inmediato las acerca a su discurso, al definir las formas puras, limpias, sin ornamento accesorio, o al disponer sobre ellas una luz de intensidad y misterio.

Miguel Fernández-Cid

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